La historia en el foro de El Intruso continuó, y la reproduzco aquí abajo (antecedentes de esta discusión, en Sobre el Cierre de clubes de jazz):
Moderador de El Intruso: Has hecho una lectura muy particular (y un razonamiento similar) de la repregunta hecha a Jodos, que me pareció la manera ideal para que el propio Ernesto se despachara a gusto… o a disgusto, cosa que efectivamente hizo.
Tu comentario suena crítico para con un servidor y estás en todo tu derecho.
Pero me gustaría agregar que, quien maneja un club de jazz (o de lo que fuere), debe hacer lo necesario para que sea rentable. Salvo que estemos hablando de algún tipo de mecenazgo que al menos a mí, nunca ni de cerca.
Y por supuesto que hace falta todo eso que vos decís (y que nadie desconoce) y además utilizar la inteligencia para evitar lo que en el barrio definimos como “dar letra”.
Esto es: si sabés que estás casi en falta o que tenés flancos débiles, hay que tomar las precauciones correspondientes. Si estás en una zona residencial y no aislás bien el boliche, es lógico que te caigan por ruidos molestos. Y si por conveniencia (o porque no queda otra), te anotás como “club social”, hay que averiguar, por ejemplo, qué se estila en un “club social”. Y creo que cualquiera, sin ser un experto en la materia ni mucho menos, deduce que en un club social hay… socios.
A ese tipo de cosas me refiero con el “dejan los resquicios”.
Y no se trata de ser masoquistas, sino ser precavidos.
Pero en fin… cada uno es dueño/a de ver el vaso medio vacío o lleno.
Y gracias por tu aporte.
Suerte.
M.
Y mi respuesta…
Estimado M:
Mi afán no es ser crítica sino expresar mi opinión, y ofrecer una visión recogida a lo largo de unos cuantos años de haber trabajado en ese lado del mostrador. Mi punto es: un club de jazz, en tanto actividad comercial y cultural, es más difícil y complejo de llevar adelante que un comercio dedicado exclusivamente a la obtención de rentabilidad, pongamos por caso, un restaurante, una mercería o un Papy fútbol. Lo es por dos razones: por necesidad de ser rentable con un producto que por antonomasia no lo es, en el marco de las reglamentaciones vigentes; y por recaer sobre sí otra suma de reglamentaciones derivadas de la actividad cultural. Te pongo por ejemplo la falta de claridad legislativa en el tema de espectáculos en vivo. Aún cuando observes todos los incisos, igual te puede caer un inspector y clausurarte por falta de máquina de preservativos, amparado en un decreto de hace treinta años. Así funciona la cosa.
Habrá sido por causa del azar, habilidad, o vaya a saber qué, que un solo lugar lo haya logrado. Lo que está claro para mí es que ésto va en detrimento de la actividad de los músicos. En términos comerciales, la concentración y/o monopolización de un mercado nunca es saludable.
Creo que lo que falta es una correcta evaluación de la actividad para encuadrarla en un marco acorde. Sino, trabajará sólo el más hábil, el de más dinero, o el que pueda vender a los de mayor poder adquisitivo. Es la ley del capitalismo, pero, me parece, no es muy justo. Y poco tiene que ver con la música y la creación y con un derecho un poco más terrenal a laburar, tanto de los músicos como de los que nos gusta difundir su trabajo.
Abrazo grande