Archivo de Enero 2007

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Recomendá un concierto - febrero 07

Enero 28, 07

barbaratogander
virasoro

barbaratogander voz / bajo / laptop / tv
enriquenorris corneta / piano
wenchilazo guitarra
arielnaón contrabajo
luloisod batería

jueves
de
feb.

21:30hs

guatemala 4328 reservas: 4831-8918

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Vuelve… (porque nunca se está yendo) La Cornetita

Enero 28, 07

Miércoles 31 de enero en Thelonious, Salguero 1884.

También el miércoles 21 de febrero, en el mismo lugar.

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2º Edición de “Historia del jazz en Chile” de Alvaro Menanteau

Enero 26, 07

Por amabilidad de su autor, el musicólogo chileno Alvaro Menanteau, recibimos la 2ª edición de su libro Historia del Jazz en Chile.
Allí pudimos comprobar un interesante paralelismo entre la historia del jazz de Chile y Argentina, desde los inicios hasta fines del siglo XX, con la difusión de música de baile primero, y luego en el interés de convertirla en hecho artístico como objeto de escucha. El papel del Club de Jazz de Santiago tuvo un importante papel al respecto, que supo, con el correr de los años, cobijar las distintas tendencias jazzísticas. En Argentina faltó, por cierto, una institución similar aglutinante.
En el libro de Menanteau se hacen varias referencias a músicos argentinos de distintas épocas, lo que supondría un intercambio artístico constante a través de la cordillera. De más está decir que este hecho ha dejado de producirse, lo que podría ser resultado de las políticas culturales represivas de ambas dictaduras.
La fusión pareciera haber tenido un desarrollo superior en el país trasandino, no sólo musicalmente sino también como política cultural y estética de los músicos de Chile. En este punto encontramos una diferencia, en donde los músicos parecen haber desarrollado diferentes estrategias para expresar los tintes locales. Al respecto, ver Hacia una redefinición del término fusión, del mismo autor, publicado en este blog.
Una reseña completísima es la que reproducimos más abajo:

Improvisación criolla: prácticas y especificidades
Alvaro Menanteau
Historia del jazz en Chile

Ocho Libros Editores, Santiago, 2003,
139 páginas. Incluye un CD.

Al auge experimentado –en esta última década en Chile– de las publicaciones sobre música popular, con biografías autorizadas y no autorizadas, antologías e historias del rock nacional, le faltaba una publicación que fuera más atrás de 1960, fecha que suele ser el límite en estos textos, y que diera cuenta de fenómenos musicales que se encuentran más allá de la canción y el baile. Éste es el caso del libro de Alvaro Menanteau, que surgió de sus dos tesis en musicología y que se sustenta en abundantes entrevistas y publicaciones de los protagonistas del jazz en el país. Con una mirada erudita y musical, Historia del jazz en Chile da cuenta del desarrollo de este género en el país, desde sus inicios a mediados de los años veinte hasta su eclosión estilística en los años noventa.

El libro está ricamente ilustrado con nítidas fotografías, que no sólo le agregan rostros a nuestra historia del jazz, sino que informan de agrupaciones, lugares, ambientes y actitudes de los involucrados. También se incluye un disco compacto con 23 grabaciones de época, que constituye un complemento indispensable a toda historia de la música, pues permite conocer la fuente sonora descrita en el texto. El disco nos entrega un completo recorrido por diversos estilos, como el dixie, el de Chicago, el swing, el hot, el cool, el bebop y el fusión, todos en manos de músicos y agrupaciones chilenas.

En su afán por dar un panorama lo más completo posible de la práctica del jazz en Chile, el autor no escatima nombres y fechas, lo que a veces atenta contra una lectura fluida del texto, transformándolo en un libro para los iniciados que saben reconocer en determinado artista, un estilo interpretativo o una capacidad improvisatoria. Con todo, se impone una lógica que es perfectamente aprehensible por el gran público: tres períodos distintos en el desarrollo de la práctica del jazz en el país, cada uno con sus rasgos y problemáticas propias.

El primero, de 1920 a 1940, está marcado por las iniciativas pioneras del músico e investigador Pablo Garrido, quien introduce tanto la práctica como el discurso sobre el jazz en Chile, y por la dicotomía que se produce entre el auge del jazz bailable, con el shimmy y el foxtrot, y la aparición de la vertiente más expresiva e improvisatoria del hot. En estas décadas se inauguran algunos escenarios importantes, como el dance-hall Baños del Parque en Valparaíso, el cabaret del Casino de Viña del Mar y la boîte Lido de Santiago. Además, en esta primera fase se forman grandes orquestas de baile y se realizan las primeras grabaciones de jazz.

El segundo período, de 1940 a 1973, está marcado por la profesionalización del músico chileno y por la aparición de los aficionados como activos promotores de la escena nacional. En estas décadas se fundan clubes en Santiago (1943), Concepción (1944), Valparaíso (1954) y Temuco (1961); se consolidan nuevas vertientes no bailables del jazz; se realizan festivales nacionales e internacionales; el Instituto Chileno-Norteamericano comienza a brindar apoyo a los exponentes nacionales, y los aficionados se polarizan entre los cultores del jazz tradicional –dixie y Chicago– y moderno –bebop y cool–, lo cual llevará, en 1960, a la división del propio Club de Jazz de Santiago.

El tercer período, de 1975 a 2000, está orientado hacia la fusión, que surge de la combinación de vertientes modernas del jazz con músicas populares de distintas tradiciones del mundo. En Chile, esta práctica comienza a mediados de la década de 1970, con los trabajos de cámara de Guillermo Rifo, y continúa en los años ochenta con propuestas más rockeras. La música aportada por Chile al jazz fusión será primero la tonada y la cueca, luego los géneros andinos y después la música mapuche, produciendo un jazz en compás de 6/8, emparentado, por lo demás, con la división ternaria del pulso binario de la música negra norteamericana.

El propio desarrollo internacional del jazz, género que parecía agotarse después del free de los sesenta y la fusión de los setenta, también impactó en la escena chilena de los noventa con el retorno a los clásicos o standars –incluido el foxtrot–, y la aparición de vertientes filojazzísticas, posmodernidad de por medio, acuñadas desde el pop, el rock y la música contemporánea. Como de costumbre, encontramos en Chile ejemplos de todas estas tendencias.

El libro no alcanza a cerrar su tercer capítulo, puesto que aquella eclosión continúa, y el autor confiesa que parecen no estar claras las especificidades estilísticas y performativas que los músicos chilenos habrían aportado al jazz. En todo caso, el texto entrega bastantes antecedentes que permiten particularizar una práctica chilena de jazz, especialmente en cuanto a la elección, uso y cruce de modelos estilísticos, a la valoración social de esta práctica, al discurso generado en torno al género en el país, a su relación con la industria musical y el movimiento cultural chileno, y al desarrollo de lo que los propios músicos han denominado la fusión criolla. ¿Jazz chileno o jazz en Chile?: ésa, al parecer, será la disyuntiva del próximo libro que se escriba sobre el tema.

Juan Pablo González
Instituto de Música

Revista Universitaria http://www.uc.cl/ru/83/resena.html

Fuente del artículo: Blog Cine y Cultura en Villarica, http://cinevillarrica.zoomblog.com/tb/2819.60152.5002371

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Mercado persa del jazz / El jazz sin corbata - por Miguel Vera Cifras*

Enero 26, 07

Recorrer el persa Bío-Bío es como meterse en el mundo del jazz, bio bio 2un río en el que nadie se baña dos veces porque la baraja desplegada en plena calle cambia a cada momento y lo mismo es siempre lo otro, como el jazz, al cual uno también llega por algún dato, solo o con algún amigo, y basta caminar un poco entre sus aguas para encontrarse con lo que fascina. Al principio, la ruta parece inabordable y compleja sin un mapa que nos diga dónde ir o dónde llegar, pero dispuestos a re-correr el riesgo, a sumergirse en la indocumentada variedad de sus esquinas, caminamos a veces sin rumbo definido entre lo nuevo y lo viejo, entre la copia y el original, hasta encontrar la gran tribu del jazz desplegada en el intersticio emocional del contacto musical con los cosas lanzadas a lo corriente. Al jazz uno lo conoce sin presentaciones, casi por azar, las formalidades vienen después, después las citas y los reencuentros. bio bio 1Acceder o la biografía (real o ficticia, pero verdadera) del objeto a través de la conversación sobre su valor es una actividad usual tanto en la feria como en el jazz, escuchar la música y su contexto de producción plegado a la conservación o al remix. Tomar un eslabón inicial nos hace con frecuencia recorrer todo la cadena humana que la envuelve, porque un disco, una foto o un instrumento viejo pueden involucrar más allá de un precio, un relato de incalculable peso poético, histórico o musical.Hay quienes buscan lo seguridad de los pasillos demarcados y las vitrinas  ordenadas para “saber” antes de escuchar. El mercado (y más aún el megamercado) ha derogado definitivamente lo “conversable” del precio. Ha clausurado el diálogo reemplazándolo por el pregón silencioso e inobjetable del valor prefijado; no así la feria que conserva todavía un aire de trueque que el mercado ha perdido totalmente, A la feria llegan las tribus neomedievales del gótico, del punk, de los mangas, el rock y el ¡azz, todos ¡untos en un mismo espacio multicultural. Allí conviven las generaciones de lo colección y el original (los arqueólogos del jazz y los eruditos) con las nuevas tribus de la copla y el secreto a voces, del sampler y la indocumentación, los okupas que pueden tener un Coltrane junto a Fískales Ad Hoc, los de menos de 25 años para los que la fusión es algo ya prehistórico, para los que bajar música de Internet es algo cotidiano, jóvenes cuyo relación con la música es mucho más aleatoria, camaleónica y descoleccionable y que llegan honestos y sin el peso de la historia, que por cierto la tienen, pero ingrávida. Es lo generación sobre la que tímidamente se ha comenzado a hablar.Y es que el campo sociocultural del jazz ha cambiado aunque aún no se consigne en enfoque histórico alguno- Álvaro Menanteau en su libro Historia del jazz en Chile llega sólo hasta la década de los ochenta, etapa que se caracteriza por una cierta modalidad de fusión y autonomía artística a cargo de músicos profesionales (no ya aficionados) y de un público de especialistas. Pero han pasado 1 5 años y se vive otro momento en la historia del jazz chileno. Vivimos una época más en sintonía con las tribus que con la élite, con una comunidad sólida y heterogénea de músicos, público y mediadores para los cuales el jazz se desarrolla resueltamente en nuestro país. Hoy se puede hablar de jazz chileno y no sólo del jazz en Chile. No se trata de una cuestión geográfica o de un rol heroico de identidad nacional que los músicos deban asumir. Se trata de apostar a la creatividad auténtica y de confiar en ella. Cuando Claudia Acuña nos visitó hace un tiempo, entrevistada por Holojazz le preguntamos si existía para ella un jazz chileno -cosa que hasta hace unos años era para muchos, a lo menos, dudosa. “Sí, existe -afirmó-, pues yo soy chilena y hago jazz” fue su inobjetable respuesta. Es otro momento y otros los espacios que comienzan o conquistar el territorio cultural del jazz. Tras el racionalismo erudito de especialistas, imagen que todavía pervive para esta música, aparece hoy un acercamiento más afectivo de los comunidades emocionales en torno a un músico, a un programa de radio, a un club o bar, o donde sea que el jazz está presente. Frente a los espacios de la élite (hoteles lujosos, teatros clásicos, locales reservados) aparecen ahora encuentros en comunas periféricas (La Florida, La Pincoya, Huechuraba, El Bosque etc.) o regiones (Lebu, Coquimbo, Valparaíso, etc.), tocatas en sindicatos, galpones y calles, programas radiales en Internet y en radioemisoras de formato no académico sino más bien misceláneo, dirigidos incluso explícitamente a un público no especialista pero apasionado por el jazz. Del gusto neoclásico por el bebop y el hard bop que inundó la escena local hasta hace poco, la sensibilidad de los nuevos se abre a lo electrónico, al sampler y la experimentación, pero en convivencia con la búsqueda anterior de la fusión y el bop. Porque no es que asistamos a la suplantación de un paradigma por otro, sino que el tablado permite ahora subir o todos a escena y porello se desarma y se desmiembra en un tejido heterogéneo como el de los mercadillos, como el de esta corriente nueva. Es el jazz sin corbata, el de las tribus, el de los músicos que surgen en la periferia, del público del persa y el ticket barato, el jazz que sin ser popular o masivo se escucha en el taxi, en los hospitales, en las farmacias, en los zapaterías, en las universidades y escuelas y que gusta a hombres y mujeres por igual. Es el jazz que se abre paso gracias a unos músicos cuyos más jóvenes exponentes tienen la edad del cambio (entre 1 4 y 25 años). Llegados hasta aquí, avanzamos entre la muchedumbre bajo el cascarón de los amplios galpones atestados de muebles, discos, cuescos y libros, patas de muñecas, botellas, estampillas y luz, esa luz que se ve suspendida en el polvo levantado por los pies y hasta por los patas de humanos y perros que pisan las veredas aún frescas del cambio y el Intercambio. Es la metáfora urbana de la situación actual del jazz, pues su montaje nómada acoge cada vez más diversidad y contextos socioculturales. El persa es el remix en su oxidación de avanzada. Lo postmoderno triturado por lo pobreza de medios y la riqueza de espíritu. Allí e! viejo busca la pieza de colección y el joven el archivo mp3, allí el académico ortodoxo se encuentra con el pirata avezado en música, con el subversivo de la copia, todos liberados o la circulación de la exaltación en el carnaval del jazz.

Santiago de Chile,

Septiembre de 2004

(publicado en Marzo de 2005 en Revista JazzUrbano Nº 3, pág. 12)

*Miguel Vera Cifras es periodista especializado en jazz, co conductor del programa Holojazz de Radio Universidad de Chile.