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Gato Alvarez y “Scat” de La Plata

agosto 29, 06

La nota del historiador Sergio Pujol publicada en Página 12 (Suplemento Radar, 16 de julio de 2006) sobre grabaciones del “Mono” Villegas encontradas por Gato Alvarez en Chicago, tuvo varias repercusiones en el mundillo musical del ciberespacio.
Entre las que pudimos registrar, notas y/o reproducciones en los blogs Isla Negra, Jazzero y FerioJazz. También circuló en un grupo de correo electrónico como material de lectura para el Seminario Música y Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).
En nuestro caso, quizás atraídos por la historia del legendario manager del club de jazz Scat -hoy alejado de tales lides-, que mantiene su amor por esta música rastreando grabaciones y preguntándose por su destino (¿a dónde va la música que fue parte inseparable de nuestra vida?), el artículo nos llevó a querer conocer al mismísimo Gato Alvarez.
Pujol nos facilitó el contacto, y pudimos conversar largamente una noche de frío, sólo interrumpidos por el delay del contacto telefónico desde Chicago.
Nunca habíamos hablado con él. No nos conocíamos. Sin embargo, se prestó más que amablemente a compartir historias de Scat, el boliche que funcionó en La Plata con una primera etapa entre fines del ’90 y fines del ’93, y una segunda entre el ’94 y diciembre del ’97.
Scat surgió como un proyecto del Gato y su esposa de entonces, que buscaban establecerse en un bar con música. Poco a poco, y gracias a los gustos personales del Gato, la línea de la programación se definió para convertir al boliche en un referente de la música improvisada. “Bastante under éramos, pero no buscábamos eso, queríamos vivir”, nos dijo.
El local, una casa vieja tipo chorizo –escenario obligado de los pubs de la época- tuvo el privilegio de contar en sus paredes con veinte originales de Hermenegildo Sábat, cedidos por el artista. “Soy tan enamorado de Hermenegildo como del jazz”, confesó Gato. El cartel de la entrada era igual al de Jazz&Pop, puesto que entonces las probables disputas comerciales entre boliches se podían resolver mediante las gestiones de un amigo común que podía certificar que el supuesto plagiante era “del palo”. Eso era todo.
Nos contó de épocas de apenas unos pocos parroquianos –entre los que se encontraba Pujol, de más está decir-, y otras en donde se podía duplicar la capacidad del local para escuchar a Luis Salinas o al saxofonista austríaco Karlheinz Miklin, gracias a los buenos oficios de Gato y su esposa para empapelar La Plata con afiches.
La primera época estuvo signada por la amistad con Jazz&Pop. El “Negro” González, Pocho Lapouble, el dúo Baraj-Barrueco y “Baby” López Fürst eran figuras recurrentes. También se dejaban ver los jóvenes Lito Epumer y Javier Malosetti.
En la segunda etapa las grandes figuras que visitaban Oliverio en Buenos Aires también se daban una vuelta por La Plata, como Joe Pass y Jack De Johnette. Y el boliche comenzó a funcionar como parte de un proyecto mayor e integrador: la cooperativa Cooperarte, una iniciativa de doce personas que también extendía la actividad al resto de la ciudad. A partir de un Festival a beneficio de un hospital para niños con síndrome de Down tomaron forma las ediciones del Festival de Jazz de La Plata, que continúa hoy día. Se hicieron grandes conciertos gratuitos en la calle, en la escalinata de una facultad, el anfiteatro del bosque y también en el Teatro Coliseo. Experiencias que resultaron “grandes satisfacciones” para Gato, sobre todo si tenemos en cuenta que surgían de la iniciativa de unos pocos promotores amantes de la música, y que todavía había que esperar unos cuantos años para que en la Capital se realizaran experiencias similares, pero, en este caso, a cargo del Estado. Por entonces, recordamos a grupos de jóvenes que viajaban a la capital de la provincia para asistir a un festival de jazz!
Cuando le consultamos a Gato sobre alguna noche especial de Scat, no dudó en mencionar una en especial como “mágica”, en la que tres músicos de corrientes diferentes, Hugo Marino –hoy fallecido-, Guillermo Vadalá y Quique Sinesi se juntaron a tocar una música nueva e irrepetible. También, los conciertos con Horacio Larumbe, y los ascendentes Carlos Lastra y Pepi Taveira. Una tendencia que pronto habría de plasmarse en la música comenzó a vislumbrarse en Scat: Raúl Carnota y Silvia Iriondo eran también de la partida. (Continuará…)

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