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Mercado persa del jazz / El jazz sin corbata – por Miguel Vera Cifras*

enero 26, 07

Recorrer el persa Bío-Bío es como meterse en el mundo del jazz, bio bio 2un río en el que nadie se baña dos veces porque la baraja desplegada en plena calle cambia a cada momento y lo mismo es siempre lo otro, como el jazz, al cual uno también llega por algún dato, solo o con algún amigo, y basta caminar un poco entre sus aguas para encontrarse con lo que fascina. Al principio, la ruta parece inabordable y compleja sin un mapa que nos diga dónde ir o dónde llegar, pero dispuestos a re-correr el riesgo, a sumergirse en la indocumentada variedad de sus esquinas, caminamos a veces sin rumbo definido entre lo nuevo y lo viejo, entre la copia y el original, hasta encontrar la gran tribu del jazz desplegada en el intersticio emocional del contacto musical con los cosas lanzadas a lo corriente. Al jazz uno lo conoce sin presentaciones, casi por azar, las formalidades vienen después, después las citas y los reencuentros. bio bio 1Acceder o la biografía (real o ficticia, pero verdadera) del objeto a través de la conversación sobre su valor es una actividad usual tanto en la feria como en el jazz, escuchar la música y su contexto de producción plegado a la conservación o al remix. Tomar un eslabón inicial nos hace con frecuencia recorrer todo la cadena humana que la envuelve, porque un disco, una foto o un instrumento viejo pueden involucrar más allá de un precio, un relato de incalculable peso poético, histórico o musical.Hay quienes buscan lo seguridad de los pasillos demarcados y las vitrinas  ordenadas para “saber” antes de escuchar. El mercado (y más aún el megamercado) ha derogado definitivamente lo “conversable” del precio. Ha clausurado el diálogo reemplazándolo por el pregón silencioso e inobjetable del valor prefijado; no así la feria que conserva todavía un aire de trueque que el mercado ha perdido totalmente, A la feria llegan las tribus neomedievales del gótico, del punk, de los mangas, el rock y el ¡azz, todos ¡untos en un mismo espacio multicultural. Allí conviven las generaciones de lo colección y el original (los arqueólogos del jazz y los eruditos) con las nuevas tribus de la copla y el secreto a voces, del sampler y la indocumentación, los okupas que pueden tener un Coltrane junto a Fískales Ad Hoc, los de menos de 25 años para los que la fusión es algo ya prehistórico, para los que bajar música de Internet es algo cotidiano, jóvenes cuyo relación con la música es mucho más aleatoria, camaleónica y descoleccionable y que llegan honestos y sin el peso de la historia, que por cierto la tienen, pero ingrávida. Es lo generación sobre la que tímidamente se ha comenzado a hablar.Y es que el campo sociocultural del jazz ha cambiado aunque aún no se consigne en enfoque histórico alguno- Álvaro Menanteau en su libro Historia del jazz en Chile llega sólo hasta la década de los ochenta, etapa que se caracteriza por una cierta modalidad de fusión y autonomía artística a cargo de músicos profesionales (no ya aficionados) y de un público de especialistas. Pero han pasado 1 5 años y se vive otro momento en la historia del jazz chileno. Vivimos una época más en sintonía con las tribus que con la élite, con una comunidad sólida y heterogénea de músicos, público y mediadores para los cuales el jazz se desarrolla resueltamente en nuestro país. Hoy se puede hablar de jazz chileno y no sólo del jazz en Chile. No se trata de una cuestión geográfica o de un rol heroico de identidad nacional que los músicos deban asumir. Se trata de apostar a la creatividad auténtica y de confiar en ella. Cuando Claudia Acuña nos visitó hace un tiempo, entrevistada por Holojazz le preguntamos si existía para ella un jazz chileno -cosa que hasta hace unos años era para muchos, a lo menos, dudosa. “Sí, existe -afirmó-, pues yo soy chilena y hago jazz” fue su inobjetable respuesta. Es otro momento y otros los espacios que comienzan o conquistar el territorio cultural del jazz. Tras el racionalismo erudito de especialistas, imagen que todavía pervive para esta música, aparece hoy un acercamiento más afectivo de los comunidades emocionales en torno a un músico, a un programa de radio, a un club o bar, o donde sea que el jazz está presente. Frente a los espacios de la élite (hoteles lujosos, teatros clásicos, locales reservados) aparecen ahora encuentros en comunas periféricas (La Florida, La Pincoya, Huechuraba, El Bosque etc.) o regiones (Lebu, Coquimbo, Valparaíso, etc.), tocatas en sindicatos, galpones y calles, programas radiales en Internet y en radioemisoras de formato no académico sino más bien misceláneo, dirigidos incluso explícitamente a un público no especialista pero apasionado por el jazz. Del gusto neoclásico por el bebop y el hard bop que inundó la escena local hasta hace poco, la sensibilidad de los nuevos se abre a lo electrónico, al sampler y la experimentación, pero en convivencia con la búsqueda anterior de la fusión y el bop. Porque no es que asistamos a la suplantación de un paradigma por otro, sino que el tablado permite ahora subir o todos a escena y porello se desarma y se desmiembra en un tejido heterogéneo como el de los mercadillos, como el de esta corriente nueva. Es el jazz sin corbata, el de las tribus, el de los músicos que surgen en la periferia, del público del persa y el ticket barato, el jazz que sin ser popular o masivo se escucha en el taxi, en los hospitales, en las farmacias, en los zapaterías, en las universidades y escuelas y que gusta a hombres y mujeres por igual. Es el jazz que se abre paso gracias a unos músicos cuyos más jóvenes exponentes tienen la edad del cambio (entre 1 4 y 25 años). Llegados hasta aquí, avanzamos entre la muchedumbre bajo el cascarón de los amplios galpones atestados de muebles, discos, cuescos y libros, patas de muñecas, botellas, estampillas y luz, esa luz que se ve suspendida en el polvo levantado por los pies y hasta por los patas de humanos y perros que pisan las veredas aún frescas del cambio y el Intercambio. Es la metáfora urbana de la situación actual del jazz, pues su montaje nómada acoge cada vez más diversidad y contextos socioculturales. El persa es el remix en su oxidación de avanzada. Lo postmoderno triturado por lo pobreza de medios y la riqueza de espíritu. Allí e! viejo busca la pieza de colección y el joven el archivo mp3, allí el académico ortodoxo se encuentra con el pirata avezado en música, con el subversivo de la copia, todos liberados o la circulación de la exaltación en el carnaval del jazz.

Santiago de Chile,

Septiembre de 2004

(publicado en Marzo de 2005 en Revista JazzUrbano Nº 3, pág. 12)

*Miguel Vera Cifras es periodista especializado en jazz, co conductor del programa Holojazz de Radio Universidad de Chile.

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