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Una crítica, una solicitada y un debate

abril 5, 07

Por estos días se ha suscitado un pico de la polémica en torno a César Pradines, del diario La Nación. Resulta que tras la crítica que éste realizó a la perfomance del pianista Jorge Navarro en el Festival del ND Ateneo colegas y melómanos salieron en defensa del músico y están juntando firmas para que el matutino desplace a Pradines de su staff.

El debate en torno a este hecho está reflejado en diversos mails que circulan en cadena, en el blog Por la Música y la página Sibemol de Fernando Gelbard.

Como he intervenido en ese blog con mi opinión quisiera dejar algunas de mis impresiones.

Se le recrimina a Pradines inexactitud en las notas que escribe, sobre todo en los aspectos musicales y -lo que es más grave- en informaciones que brinda. De esto yo puedo dar fe, pero no es éste el lugar para ventilar estas cuestiones. Se ha dicho también que como no es músico no puede escribir sobre música. Al respecto, ha sido muy atinado el comentario de Gabriel Ruiz en el blog mencionado. Diría que para escribir en un diario hay que ser periodista o por lo menos conocer sus reglas: investigar, chequear fuentes, citar textualmente, etc. Y si se trata de un espacio de opinión -como lo es la crítica- tomarlo como tal y a hacerse cargo de los dichos. Entre paréntesis, no veo por qué no se le puede hacer una crítica a determinado músico, sea quien sea. Todos la hemos pifiado alguna vez. El problema parece ser de dónde partió la crítica, pero se terminan confundiendo los tantos. Si hay gente a la que no se puede criticar, ¿para qué se está pidiendo que cambie el crítico de La Nación? El que asuma en su lugar tendrá seguramente sus preferencias, cubrirá a algunos y a otros no, criticará a algunos y a otros sólo elogiará. Pero también es cierto que como dijeron varios, es probable que esta cobertura de Pradines haya colmado a muchos. Están en su derecho.

Se dice también que las críticas de Pradines arruinan carreras, y que su favoritismo por determinados artistas impide que el resto pueda acceder a espacios para tocar.

No creo que Pradines sea tan poderoso, o, viéndolo de otra manera, corrijo, no podemos hacer a Pradines tan poderoso. Si éste es un circo perverso no alcanza con cambiar una de las piezas. Y lo digo con conocimiento de causa. No es posible que se le exija a un periodista o a un diario -y mucho menos a La Nación- que tenga criterios de política cultural tales como ecuanimidad y acceso igualitario. Tampoco se le puede exigir ésto a una empresa que se dedica a ofrecer conciertos; mal que nos pese, así funciona el capitalismo.

Cuando tenía mi boliche, el Jazz Club -y perdón por la disgresión-, armaba mi programación según mis criterios en tanto el riesgo era mío y solamente mío. Nadie vino a ofrecerme ningún cheque cuando tuve que cerrar en medio de la crisis, ni a cubrir mis gastos mensuales. Así son los emprendimientos comerciales. Si bien pretendía ofrecer una propuesta más que variada -y prueba de ello es la cantidad de músicos de distintas vertientes que pasaron por allí- seguramente habrá más de uno al que no habré conformado, lo cual es lógico. De todas formas, era más usual por esos días que los artículos de jazz que se publicaban mencionaran a los músicos ya reconocidos, como Navarro, Baby López Fürst, Fats Fernández y otros, y se ignoraba a los músicos y espacios nuevos. Me parece que así funciona la cosa y es misión del que viene con algo nuevo luchar por obtener su espacio. Todos los músicos de jazz lo han hecho.

Recapitulando, lo que va apareciendo con claridad es que:

– Hay pocos lugares para tocar. Los que existen, no satisfacen las expectativas ni necesidades del conjunto de músicos, y están enmarcados en determinadas lógicas culturales y económicas de concentración de la actividad.

– Hay pocos canales de difusión. Los más importantes en masividad están identificados con determinadas propuestas y lugares.

¿Qué estamos haciendo al respecto?

Yo defiendo las programaciones realizadas con criterios artísticos, lo que me parece no es la generalidad hoy día del circuito jazzístico.

Me entristece ver conciertos de jazz como puro entretenimiento pseudo sofisticado, y accesorio de comidas gourmet y hoteles de lujo. Se puede entender como forma de supervivencia, como “laburo”, pero no comparto que el jazz asociado al consumo sea el objetivo a alcanzar. EL JAZZ ES ARTE.

Por lo tanto me parece bien que los lectores de La Nación le exijan al diario que echen a Pradines, si es su deseo. Pero lo que a mí me preocupa es que parece que hay una sola forma de vivir la cultura, sujeta a lógicas de mercado, modas y rentabilidad.
¿No hay otra?

A mi entender, hemos caído en una trampa de la que nos cuesta salir. ¿Vamos a seguir intentando subir a este colectivo lleno, en donde el chofer sigue la ruta que le marca la empresa que le paga, o contratamos uno nosotros para ir hacia donde nos plazca?

Ver crítica de Pradines (click aquí)
Ver solicitada de Navarro (click aquí)

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13 comentarios

  1. Creo que echar a César Pradines del diario La Nación no soluciona nada. Sin duda la crítica realizada al show en el que participó Jorge Navarro se excede en ciertas apreciaciones, muy duras, y diría extrañas, sobre la capacidad de Jorge Navarro como músico.
    Mi idea sigue siendo la misma, si los críticos son tan parciales, colaboren con la apertura de nuevos espacios, abran el campo, y me refiero a músicos y oyentes, a una competencia en donde se pueda elegir que leer, si es que tanta atención se presta a los comentarios de los críticos.
    Y me “doble repito”, abrir espacios, no cerrar nada. Prohibido prohibir…


  2. Amigos, es interesante el debate, coincido con el post anterior en cuanto debe estar prohibido prohibir. Con respecto a los críticos, en mi ciudad, Còrdoba, existe un crítico que es músico, trabaja para la voz del interior y ha despedazado a bandas de ´todo tipo y me pregunto:¿difiere en algo si es musico? ¿afectan a los gustos personales el conocimiento sobre armonía? Como periodista y músico, creo que no.
    Saludos y excelente blog.


  3. Leonard Feather, músico y gran crítico.
    Nat Hentoff, gran crítico, con algunas ideas controvertidas sobre temas políticos, pero no es músico.
    Ralph J. Gleason, gran crítico, no músico, si tocó un instrumento musical fue para apoyarse en el, o poco más.
    Y llego hasta aquí. Lo importante es amar el arte, apreciarlo, si tocan el piano borrachos, si no saben soplar en una trompeta en si bemol, da lo mismo.
    El debate sería, digo yo, humildemente, hasta donde se debe “pegar”, creo que en la crítica debe existir algo similar a lo que ocurre en el boxeo, ni debajo del cinturón, ni cuando está el otro boxeador en el piso.


  4. Coincido con Federico en un 100%… ahora muchachos, a no ponerse en cinturon a la altura del cuello.
    En el piso por favor parar.
    Saludos desde córdoba.


  5. Cuando un crítico ejerce esa actividad, analizando a un artista y su obra, debe saber fundamentar sus palabras.
    Si una crítica es dura, pero se apoya en puntos claros, bueno, son las reglas del juego, los artistas deben entenderlo.
    Lo mismo ocurre a la inversa, si el crítico pierde su capacidad, encerrado en una maraña infranqueable de palabras sin sentido, debe esperar el descontento de los artistas para con su reprobable actitud.


  6. Agrego algunas cosas que vi en estos días. Se juntaron firmas y se enviaron cartas de “descontento” a La Nación, por decirlo de alguna manera, en relación a Pradines. El editor de la sección Entretenimientos (que ya dejó de ser Espectáculos, ay, ni siquiera Cultura) cerró filas con su cronista. El esfuerzo fue infructuoso. ¿Podría haber sido de otra manera?
    Como dice Federico, críticos hubo y habrá siempre, con mejores y peores resultados. El punto es si en algún momento esta zona imprecisa de la cultura y el arte, digo, el jazz argentino, podrá tener sus propios voceros para expresarse por sí mismo en los circuitos comunicacionales, además de los musicales, claro, que ya los tiene y de sobrada competencia.


  7. Yo sigo insitiendo, la confrontación algunas veces sirve, otras no, y en este caso se aplica la segunda opción.
    Lo malo es que no veo a mucha gente, músicos, dueños de clubes y teatros, críticos de los críticos, apoyando otras opciones, colaborando para abrir nuevos caminos.
    Si la idea es quedarse parado, esperando para escupir en la cabeza a quien pasa, mal nos va a ir.


  8. No puedo menos que coincidir contigo nuevamente, Federico. Veremos si el circuito se termina por amoldar a las reglas imperantes… o con qué nos sorprende, como lo ha hecho otras veces.


  9. Yo empiezo a sentir un profundo pesimismo, espero que sólo sea pasajero.


  10. me parece muy acertada tu escrito. muchas gracias. belén


  11. Por un lado, me parece que la crítica de Pradines fue demasiado dura con un músico de la jerarquía del negro Navarro. Por otro lado, músicos, futbolistas y economistas sienten que los periodistas no pueden criticarlos porque no se han colgado una guitarra, no han entrado a un vestuario o no han estudiado Cs Económicas. Digamos que para ser crítico hay que ser en primer lugar … periodista; y eso implica bastante más que redactar bien.
    Guillermo Blanco Alvarado


  12. quiero contactarme para traer a realizar una funcion con jorge navarro en el consejo deliberante de la ciudad de pergamino, sabes su mail para contactarlo, gracias



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