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Presentación de “El color del Jazz – Colección Fotojazzeando Volumen 1”

mayo 12, 07

GATO BARBIERI EN LA TAPA DE “EL COLOR DEL JAZZ”, PRIMER LIBRO DE FOTOGRAFIA Y JAZZ EDITADO EN ARGENTINA  
   
El próximo martes 22 a las 17:30hs se presentará al público “El color del Jazz – Colección Fotojazzeando Volumen 1” –  primer libro de Fotografía y Jazz editado en Argentina, (quizás también de América Latina)  en un acto que se realizará en el Escenario Verde del Espacio Dorrego (Dorrego y Zapiola) como parte de la programación del “6º Festival Buenos Aires Jazz y Otras Músicas” que organiza el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.    
Son 150 fotografías blanco y negro tanto de artistas de renombre internacional como de otros sólo conocidos localmente que fueron tomadas por el fotógrafo, periodista y productor cultural Jorge Lardone | www.jorgelardone.com.ar | en varios países durante 25 años.   
Uno de ellos es el mundialmente conocido saxofonista nacido en Rosario, Leandro “Gato” Barbieri quién ha desarrollado en los últimos 50 años una extensa y fructífera carrera a tal punto que su particular manera de fusionar el jazz con los ritmos folclóricos de origen latinoamericano o el tango, que en su momemto significaron una manera revolucionaria de hacer jazz, hoy son moneda corriente en cualquier escenario del continente. Su influencia ha sido fundamental y su estilo es inconfundible.
 La tapa de “El color del Jazz”  tiene una foto suya tomada en Buenos Aires en 1991 y otra foto suya abre el primer capítulo del libro, junto a un texto que Gato escribió especialmente para su publicación en esta obra.   
El diseño del libro fue realizado por María Laura Annún (UADE) | www.origamiweb.com.ar | y la impresión por Marcelo Kohan | www.marcelokohan.com.ar | mientras que la traducción al inglés es de Patricia Bruno.   
El periodista Martín Vittón, editor de “J revista sobre jazz” | www.sobrejazz.com.ar | escribió el texto de la contratapa, que se reproduce a continuación:   
  “[.]el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara le impone insidiosa [.]”
Julio Cortázar, “Las babas del diablo”, Las armas secretas, 1959.
 
Abrir azarosamente este libro, lector, dejando caer nuestra mirada en cualquiera de sus páginas, puede ser tal vez el inicio de un viaje -imprevisto, sorpresivo- que no finalizará al cerrarlo. No hay en los trabajos fotográficos de Jorge Lardone una estética perseguida; hay una voz que nos susurra desde las imágenes, una voz que las une sutilmente. Esa voz -no de la cámara ni del ojo de Jorge, sino de un Jorge con cámara y el ojo presto- nos conduce a través de las páginas por el mismo camino -al menos eso creemos- que ella fue trazando en su gestación. Un transitar plagado de emociones, que no se nos impone como lineal: nuestra voz-guía nos permite adentrarnos en los infinitos ramales que se nos presentan, que se van configurando ante nosotros, nos deja atrapar por las tramas -sin abandonarnos-, explorar y volver a recorrer, y el viaje así se desliga de conceptos tan mundanos como “idas”, “vueltas”, “llegada”… No hay entonces itinerario posible. Hay, sí, una latente
 marcha. En esa marcha, nos dirá la voz, nuestros pasos se irán sucediendo gracias a esa virtud que Jorge ha sabido cultivar: en cada foto nos aguarda aquello que tan adecuadamente Barthes supo definir como punctum, eso que mágicamente atrae nuestra mirada. Pero no lo hace sólo llamando nuestra atención, sino que despierta nuestra sensibilidad, convoca nuestros afectos, sacude nuestra conciencia. La experiencia, lector, no nos dejará indiferentes. Y la fotografía ya no demandará una mirada sino más bien una lectura. Luego, un pensamiento. Ver, leer, pensar. Y volver a ver. En el trayecto, sentir. En palabras de Barthes, “ese algo me ha hecho vibrar, ha provocado en mí un pequeño estremecimiento, un satori, el paso de un vacío”.
De este modo, no nos llama la atención que este viaje se desarrolle en el territorio del jazz. Porque el mapa que usaremos -el cual mutará cada vez que sea desplegado- no conoce de fronteras, no se vale de accidentes geográficos definidos ni de coordenadas, ni mucho menos nos anticipa lo que nos espera. Al dar la curva de página, tal vez encontremos un paisaje de sombras en cuya silueta, apenas definida, asoma la luz de un silencio que dura más de lo que una figura musical se permite indicar. O, al virar la dirección, quizá nos enfrentemos a un rostro contraído, pleno de concentración: el músico que ha tocado lo que siempre anheló y que ahora -sabedor de lo efímero- ve desvanecerse entre nuevas notas. Pero sin embargo allí estamos nosotros, hasta allí nos ha conducido Jorge, quien con su cámara y su sensibilidad logra trascender imposiciones temporales: para nosotros, lectores viajeros, ese momento efímero dejará de ser tal; esa imagen no nos contará lo que ya no es. En todo caso, nos devolverá lo que ha sido. Nos traerá ese acto efímero para desandarlo, verlo erguirse nuevamente en su acción hasta conducirnos a su esencia. La intensidad de la creación, frente a nosotros, inevitablemente fascinados.
 
Martín H. Vittón, viajero
Marzo de 2007
Barrio de Monte Castro, Ciudad de Buenos Aires 

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