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Sobre querer y poder en el hecho cultural y artístico – Por Berenice Corti

marzo 3, 10

Publicada en el número 2 de la revista Living Jazz Magazine.

Muchas veces tendemos a pensar a la maquinaria de la industria cultural (léase las poderosas organizaciones empresariales de entretenimiento, que pueden incluir o no versiones mercantiles del quehacer artístico) como un sistema omnipresente que tiene la capacidad de impedir la circulación de los hechos verdaderamente creativos. Lo mercantil se nos aparece entonces como la única opción a la que nos vemos obligados a adherir o rechazar, superadas supuestamente otras formas de producción artística. También, aunque no muy lejos de ésto, entendemos al arte como una entidad abstracta y pura, autónoma (o que debería serlo) de las más diversas ataduras, entre ellas la del dinero.

Las complejidades de la sociedad contemporánea parecen desmentir estos vuelos de pájaro, en tanto en ella conviven la racionalidad del pragmatismo y la reflexividad estética, y los más diversos órdenes de lo canónico y/o lo erudito, lo popular, lo masivo y lo “alternativo”.

Al respecto, el recientemente publicado libro de la socióloga Ana Wortman ofrece una mirada a partir del punto de inflexión de los primeros años 2000 en Argentina y su impacto en el campo cultural, en una visión de las transformaciones operadas como producto de las dinámicas artísticas, así como por los factores sociales y económicos de la época. Con artículos de su autoría y otros compilados a partir de investigaciones realizadas en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, la obra “Entre la política y la gestión de la cultura y el arte: nuevos actores en la Argentina contemporánea” (Eudeba, 2009) da cuenta de la diversidad de de proyectos culturales generados socialmente en espacios y formas no tradicionales para este tipo de expresiones (como las fábricas recuperadas, el uso del espacio público como galería de arte), el lugar de la cultura en la Argentina post neoliberal (lo emergente, lo colectivo, la conversión de la cultura en recurso), la autogestión y las redefiniciones del campo artístico (entre éstas, las producidas en el jazz argentino, que he tenido el privilegio de firmar).

En esos años de quiebre y reformulación la cultura surgió como una nueva estrategia de supervivencia material e inmaterial (como recurso tangible e intangible, como política, estética y economía), en donde confluyeron ideas renovadoras y otras hegemónicas y residuales de momentos anteriores. Revisitarlos nos actualiza la pregunta, en palabras de Wortman, sobre si es posible en el contexto de la mercantilización de la vida social “preservar espacios de creatividad e imaginación liberadora”.

* Investigadora en Música y Cultura. Fue productora independiente de conciertos de jazz.

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